Biblia Perú


Isaías 59 - Nueva Biblia Española (1975)


Confesión del pecado de Israel

1 Mira, la mano del Señor no se queda corta para salvar ni es duro de oído para oír;

2 son sus culpas las que se interponen entre ustedes y su Dios; son sus pecados los que les ocultan su rostro, e impiden que les oiga;

3 pues sus manos están manchadas de sangre, sus dedos de crímenes; sus labios dicen mentiras, sus lenguas susurran maldades.

4 No hay quien invoque la justicia ni quien pleitee con sinceridad; se apoyan en la mentira, afirman la falsedad, conciben el crimen y dan a luz la maldad.

5 Incuban huevos de serpiente y tejen telarañas: quien coma esos huevos morirá; si se cascan, salen víboras.

6 Sus telas no sirven para vestidos; son tejidos que no pueden cubrir. Sus obras son obras criminales, sus manos ejecutan la violencia.

7 Sus pies corren al mal, tienen prisa por derramar sangre inocente; sus planes son planes criminales, destrozos y ruinas jalonan sus calzadas.

8 No conocen el camino de la paz, no existe el derecho en sus rodadas, se abren sendas tortuosas; quien las sigue, no conoce la paz.

9 Por eso está lejos de nosotros el derecho y no nos alcanza la justicia: esperamos la luz, y vienen tinieblas, claridad, y caminamos a oscuras.

10 Como ciegos vamos palpando la pared, andamos a tientas como gente sin vista; en pleno día tropezamos como al anochecer, en pleno vigor estamos como los muertos.

11 Gruñimos todos igual que osos y nos quejamos como palomas. Esperamos en el derecho, pero nada; en la salvación, y está lejos de nosotros.

12 Porque nuestros crímenes contra ti son muchos, y nuestros pecados nos acusan; tenemos presentes nuestros crímenes y reconocemos nuestras culpas:

13 rebelarnos y negar al Señor, volver la espalda a nuestro Dios, tratar de opresión y revuelta, urdir por dentro engaños;

14 y así se tergiversa el derecho y la justicia se queda lejos, porque en la plaza tropieza la lealtad, y la sinceridad no encuentra acceso;

15 la lealtad está ausente, y expolian a quien evita el mal. El Señor contempla disgustado que ya no existe la justicia.

16 Ve que no hay nadie, se extraña de que nadie intervenga. Entonces su brazo le dio la victoria, y su justicia lo mantuvo:

17 por coraza se puso la justicia y por casco la salvación; por traje se vistió la venganza y por manto se envolvió en la indignación.

18 A cada uno va a pagar lo que merece: a su enemigo, furia; a su adversario, represalia.

19 Los de occidente temerán al Señor, los de oriente respetarán su gloria; porque vendrá como torrente encajonado, empujado por el soplo del Señor.

20 Pero a Sión vendrá un Redentor para alejar los crímenes contra Jacob -oráculo del Señor- .

21 Por mi parte, dice el Señor, este es mi pacto con ellos: el espíritu mío, que te envié; las palabras mías, que puse en tu boca, no se caerán de tu boca, ni de la boca de tus hijos, ni de la boca de tus nietos, nunca jamás -lo ha dicho el Señor-.